25.11.07

Sin perdón

El dictador Franco tenía desarrolladas todas las virtudes del zorro y ninguna del león. Si bien Maquiavelo recomendó al Príncipe un equilibrio entre las dos, Franco en este aspecto estaba muy descompensado. La astucia, la suspicacia, el conocimiento de las flaquezas humanas y el instinto para tender toda clase de trampas eran su fuerte, pero no la nobleza, la magnanimidad, el orgullo y la fortaleza, el sentido del estado, la piedad y el perdón. Cuando cambiaba de gobierno, el dictador siempre se las arreglaba para que poco después hubiera un condenado a muerte. Era la forma de apoderarse de la conciencia de los nuevos ministros, puesto que estaban obligados a firmar solidariamente la sentencia capital en el consejo. Ningún ministro de Franco logró eludir semejante ignominia. Esta misma trampa tendió el dictador a la Iglesia cuando, terminada la guerra civil, comenzó a funcionar en España una metódica y exhautiva maquinaria de picar carne con decenas de miles de republicanos fusilados contra las tapias de los cementerios. Bastaba con que un cura párroco diera la cara por cualquiera de los condenados a muerte para que este salvara el pellejo. Si una autoridad eclesiástica decía a este no, automáticamente el agraciado por esta piedad clerical era apartado del camino del paredón, con lo cual el dictador de forma muy ladina metió a la Iglesia hasta el cuello en aquella carnicería al hacerla partícipe en ella por omisión, silencio, conformismo o miedo. Se dirá que durante la guerra hubo más de diez mil religiosos asesinados y que era una virtud heroica escapar del sentimiento de venganza. Muchos de aquellos mártires fueron arrastrados por una ciega espiral de violencia y habrían sido igualmente sacrificados aunque hubieran renegado de su fe, pero después algunos sacerdotes salvaron de la muerte a muchos republicanos simplemente testificando a su favor. Esos fueron los verdaderos héroes a los que había que beatificar. Por lo demás el dictador, exhibiendo la virtud del zorro y no la del león, logró trincar esta vez la conciencia de los ministros del Señor para hacerlos moralmente copartícipes por omisión en la terrible escabechina. De haber caído con gusto en esa trampa tiene la Iglesia que pedir perdón.

(Artículo de opinión de Manuel Vicent en el País, 25 de noviembre de 2007)

5 comentarios:

Anónimo dijo...

al parecer todo el mundo tiene que pedir perdon ¿y los republicanos y los comunistas cuando?

García Serrano dijo...

¿Los republicanos? ¡¡Manda huevos!! ¿Deberían pedir perdón por haberse dejado dar un golpe de estado por los rebeldes fascistas?

Anónimo dijo...

No hombre, no, por no respetar las creencias de los demas conciudadanos.

Anónimo dijo...

7 de Octubre de 1934: una parte del PSOE encabeza un golpe de estado que amenaza con desembocar en un guerra civil, los golpistas forman un "Ejercito Rojo" con 30.000 hombres y deciden lanzarse al asalto de Madrid para tomar el poder, legítimamente en manos de la derecha. Dicho levantamiento armado se salda con 4.000 muertos, entre ellos 35 sacerdotes....Jefe la república no fué solo patrimonio de la izquierda. Todo fué un horror ¡ Unos por fascistas y otros extremistas. GalapagarI

García Serrano dijo...

Gala, ¿eres tú de verdad?
Por tu comentario creo, cargado de cultura, creo que sí.

Kiyo, ¿qué haces por el blog? Eres animal de foro. Me alegra leerte por estas latitudes. Gracias.

Saludos